La libertad del tercer acto

Por Luz Martí

Qué mejor que homenajear a este artista del espectáculo y fan del cine de los años 30 al 50 que contar su vida en tres actos y nombrar a cada uno con el título de una película.

Personaje misterioso y multifacético, de energía “davinciana”, Eugenio Zanetti entiende la vida como una estructura dramática en tres actos: en el primero aparece el conflicto que marcará la dinámica de la obra, el segundo es un florecer de experiencias, aventuras y novedades donde todo sucede y se expande, y en el tercero se vuelve al conflicto inicial, para finalmente resolverlo.

I Acto
The Grand Illusion (Jean Renoir, 1937)

¿Qué contar de un chico que nació en Córdoba, tuvo un padre poeta que lo animó a ser autodidacta, una abuela que lo acompañó 8 veces seguidas a ver “Las zapatillas rojas”… y una madre que se interesó junto con él, en la adolescencia, por la filosofía sufí como un vasto y profundo cuerpo de conocimiento?

Eugenio Zanetti tuvo esos y más permisos en su casa familiar, sumados a la fortuna de encontrar una profesora en la carrera de arquitectura que le advirtiera: “vos no sos arquitecto, vos sos escenógrafo”. Eso lo ayudó a buscar su camino por rumbos fuera de lo académico.

Antes de que el cine figurase en su horizonte viajó a Europa y, para interiorizarse en el sufismo, partió hacia Afganistán en una combi destartalada. Recorrió miles de kilómetros en busca de sus maestros sin reconocerlos -lo haría mucho más tarde- en algunos de los mendigos que veía sentados en la ciudad.

Atravesó fronteras y aduanas incomprensibles, vivió aventuras en lenguas desconocidas, conoció lugares radiantes de magia y volvió a Roma.

II Acto
Sunset Boulevard (Billy Wilder, 1950)

En los años ´60, por casualidad y a través de amigos, conoció a Pier Paolo Pasolini, quien estaba a punto de filmar su extraordinaria versión de Medea, con María Callas.

Eugenio, en una charla, recién vuelto de su viaje, le sugirió una locación en Turquía. Pasolini, encantado con el descubrimiento, lo invita a trabajar con él y el joven Eugenio hace su entrada al cine de la mano de un grande.

A partir de allí trabaja incesantemente sin abandonar jamás la pintura (46 muestras individuales en el mundo).

Aprende, crea, vuelve a la Argentina y continúa siempre con puestas y producciones en cine y teatro hasta desembarcar en Hollywood. “La palabra arte viene del sánscrito y significa hacer por eso me resulta tan reconfortante”.

Su vida es vértigo y acción, impregnada por la alegría del trabajo: escenógrafo, guionista, director de ópera y de cine, ganador de decenas de premios y, en 1995, de un Oscar de la Academia de Hollywood por la dirección de arte de Restoration. “Un premio cuyo peso es mucho mayor en los EEUU, donde figura casi inscripto en el ADN del niño americano como confirmación de éxito”, cuenta con humor y un dejo de tonada cordobesa.

En 2000 dirige Quantum Project, el primer film de la historia rodado a escala Hollywood pero concebido enteramente para Internet, que vaticina la inminente llegada del cine vía web.

Dos grandes: Don Eugenio y Don Carlo

Los premios siguen y en 2014, en Argentina recibe el ACE por su trabajo para el Teatro Colón como dirección de escena, diseño de escenografía y vestuario para la ópera Don Carlo.

En simultáneo con toda esa actividad construye su inmensa casa –que devendrá en el hotel boutique Estancia de la Cruz, en San Javier, Córdoba.

De la Cruz, rompe la austeridad de las sierras cordobesas

III Acto
It´s a wonderful life (Frank Capa 1946)

Su amiga Doris Lessing, premio Nobel de literatura 2007, le dejó una frase que germinó como enseñanza: “En la vida o te construyes tu prisión o eres libre”. Eugenio ha decidido ser libre para continuar haciendo y haciendo.

“El tercer acto debe vivirse con alegría y agradecimiento, let joy flow. Es el más personal y por eso el más interesante”, me dice con sus ojos oscuros llenos de brillo.

“Acabo de terminar un inmenso taller en Córdoba, a pasos del hotel. Allí pienso dar clínicas de pintura, cine y ópera. Serán inmersiones totales para gente que ame esas disciplinas. Una vez recibí un mensaje: Usted no se puede morir sin enseñar lo que sabe. Obedezco”.

Además, edita Las 1001 noches de la cuarentena, un libro de sus enormes y deslumbrantes cuadros pintados durante la pandemia; prepara dos óperas (Pagliacci y Cavalleria Rusticana), que quiere “intervenir” a su manera… y, como si no le alcanzara, para este verano y con total apoyo de entidades culturales del país, dirigirá Instrucciones para muertos recientes, una película con guión propio, que alude a la visión cuántica del tiempo y que protagonizarán estrellas como Geraldine Chaplin y Marilú Marini.

No lo dice literalmente, pero es lo que nos deja: “La vida sigue. Somos siempre estudiantes”.