Poemas eróticos que erizan la piel

Por Luz Martí

Dante Bertini es un artista como pocos: despuntó en el Di Tella, dejó su huella en Ibiza y triunfó en Barcelona. Sus poemas cantan al Dios del Amor.

Lo conocí hace mucho, en Ibiza, cuando yo era camarera del Bon LLoc, un restaurante pequeñísimo de Dalt Vila y él ya preparaba el lanzamiento de la tienda Dadá con su socio de la vida, Jorge Teófilo Chapuis: moda, arte y estilo. Pedidos no le faltaron: camisetas para las discotecas Ku y Pachá y para los emblemáticos cafés Montesol y su vecino Mar y Sol, entre tantos otros.
Yo tenía veinte años, Dante un poco más. Este chico de Almagro, que descubrió en el Di Tella su lugar en el mundo, había dejado una enorme carrera en Buenos Aires como jefe de arte de la revista Mitomagia dirigida por Ernesto Sábato y Roger Pla, y de dibujante en las redacciones de La Opinión, Tia Vicenta, Clarín y Somos.

Una vida cosmopolita: Galería del Este, París e Ibiza.

Era asiduo concurrente a la Galería de Este, inquieto, atrevido y desbordante de ideas creativas. También había realizado escenografías y vestuarios para Oscar Aráiz, Néstor Tirri y el teatro del Instituto Di Tella.
En 1976 llegó el momento de irse. Madrid, París e Ibiza fueron algunos de los lugares elegidos. Al final se establece en Barcelona. Maravillosas ilustraciones para prensa, afiches, cubiertas de libros… Trabajo y reconocimiento.
Genuino hasta la punta del zapato, Dante busca su yo en cada cosa que hace. Ignora las modas y sigue.

Carlos Alonso, Luis Sandrini y Luis Alberto Spinetta

Gracias a la curiosidad por probar una computadora -eran los´80- que una amiga desecha, se sumerge en el mundo de la literatura. Encuentra un programa de oficina para redactar cartas. Escribe a su padre, a un amigo muerto, a veces con detalles brutales, escribe sin saber para quién, como para sí mismo, como quien escribiera un diario íntimo.

Un amigo lee ese material y encuentra allí una novela. Dante se lanza y honra la teoría de Cortázar -“las palabras son limpias, valen porque definen cosas de la mejor manera, ningún escritor argentino de mi generación se ha atrevido a usar con naturalidad aquellas que eran consideradas sucias”–  y la toma como un desafío.

En su vida siempre aparece alguien que valora su calidad. Alguien lo impulsa a editar, a animarse, lo descubre como escritor, como poeta. Él, como un niño obediente, se aplica a las propuestas, entusiasmado.

Termina Las Salvajes Mimosas y lo presenta al Concurso de narrativa erótica La Sonrisa Vertical, de editorial Tusquets. Va firmado con el apellido de su madre y se olvida (¿?) de dejar sus datos de contacto. Queda finalista, entra en el segundo puesto y pasa a formar parte de los autores de la casa.
Al año siguiente, 1993, siempre movido por esa especie de “misticismo erótico” que lo convoca, gana el primer premio con El hombre de sus sueños.

Sus “poemitas” desembocan así en Eros Desencadenado: “ni más ni menos que la historia de una calentura, un orgasmo y un después” y en otros poemarios como “El señor B”, “Tantos poemas tontos” y “Amorymás”.

Hace unos años recuperé a Dante casi por casualidad. Tomamos cafés en Barcelona, conocí su casa, su gato y su poesía.
Cuando en Amantes me sugirieron hablar de erotismo pensé inmediatamente en él, en el hombre que no desaprovecha sus impulsos y hace lo que tiene ganas sin molestar a nadie. Este inmenso poeta un poco fóbico, que baila en el supermercado si la música lo invita, que se define como un “raro bicho de creencias incrédulas”.
Recordé la sensualidad de su poesía, su capacidad para erizar la piel con la palabra, de mostrar sin pudor, de iluminar sin encandilar. Recordé al Sr. Dante Bertini.

Amorimás

Ahora que el amor ya no es trajinar sobre las sábanas
temer el abandono
correr tras una cita
oficiar de émbolo
de zahorí o de espeleólogo
esperar a que pasen los ardores para volver a arder
sudor sobre sudor
carne con carne
ahora que los momentos se hacen largos
y la vida pasa como un tren expreso
que expirará al llegar
sin posible retorno
a su destino
tus manos asoman en un detalle cualquiera
y la ternura se hace un hueco muy preciso

en cualquier impreciso lugar de mi esqueleto

Decálogo

Uno) Me gustas hasta cuando no me gustas.

Dos) Es increíble: también le gustas a mi olfato.

Tres) Mis manos corren tras de ti como conejos asustados.

Cuatro) Mis ojos se quedan presos de tus gestos, deshojados.

Cinco) No conozco tu sabor y lo imagino dulce, ligeramente opaco.

Seis) Te oigo llegar, los pies sonoros,

señalando a diferentes puntos cardinales.
Me parecen música tus pasos.

Siete) Te veo llegar -alerta el oído, las manitas quietas, en su sitio- y el corazón que tengo entre las piernas, late.

Ocho) Dices mi nombre y creo que soy otro, diferente.

Nueve) En este punto, poco antes del final, te lo confirmo: me gustas tanto que me gustas demasiado.

Diez) Espero que sí.
¡Ojalá!
Dios lo quiera y la suerte me acompañe.

Ph foto apertura: Ana Portnoy.