La vida es humor

Por ADLB

Diego Bernardini es médico, escritor, gerontólogo, investigador y dicta cursos y seminarios en universidades del mundo entero. Pero quizás el dato más significativo de todo su CV, sea su tarea como divulgador del bienestar de los adultos.

“La nueva longevidad no es vivir más, sino vivir mejor, diferente, plenos… y mucho de ello depende de nuestro estilo de vida, de nuestros proyectos y de nuestra actitud… Y tengo una buena noticia: la creatividad mejora con la edad”, así comienza la charla.

Diego Bernardini es autor de dos libros: De vuelta, donde dialoga con personas que vivieron mucho y lo cuentan bien… como Graciela Fernández Meijide, Juan José Sebreli y Luis Felipe Noé, por nombrar solo algunos. Y La segunda mitad, los 50+, vivir la nueva longevidad, donde hace hincapié en la importancia de la salud para poder disfrutar mejor la vida.

Además de sus virtudes médicas y académicas, Diego es una persona que tiene la habilidad de crear cercanía con quien tiene al lado. Simpático y ocurrente, siempre tiene la anécdota que viene al caso, lo que hace que sus pacientes se sientan muy confortables.

En unas pocas líneas resumimos los audios que nos llegaron desde México, donde está viviendo.

Diego, crees que con la edad nos volvemos más buenos y lo malo que nos ha sucedido se vuelve borroso?

– Hay múltiples transiciones pero no sé si aflora lo bueno y se borra lo malo. Lo malo no suele borrarse, deja un registro, un aprendizaje, una cicatriz. Lo bueno sí puede aflorar en diferentes sentidos. Por ejemplo, hoy los estudios nos muestran que todo lo que tiene que ver con la solidaridad hacia el otro suele aumentar mientras aumenta la edad. La gente mayor es la que realiza más trabajo voluntario.

 – ¿Hay alguna razón?

– Cuanto más damos, mayor es nuestra felicidad. Se sabe que el dar tiene que ver con transmitir experiencia y tiene que ver con darle un sentido a la vida… Y eso se relaciona con la curva de la felicidad. 

Y con el ikigai

Ikigai es una figura de la cultura japonesa cuyo objetivo es poder encontrar alguna actividad: “algo” que nos permita estar bien, que nos haga encontrarle un motivo y una razón a este vivir. El ikigai es una combinación de entender qué nos gusta, qué nos hace bien y qué nos permite trascender bajo la idea de que estamos mejorando el mundo. No sé si las ambiciones con la edad se vuelven más humildes, pero lo que sí sé es que podemos aceptar nuestras realidades y limitaciones físicas y elegimos mejor con quién nos vinculamos. Ya no queremos conquistar el mundo, solo aspiramos a mejorarlo, a disfrutarlo, a poner nuestro granito de arena desde una óptica más sensata.

– ¿Qué rol juega el humor en esta etapa?

– No concibo la vida sin humor ya que forma forma parte de mi personalidad. Recuerdo que en España los enfermeros que trabajaban conmigo se reían por cómo yo me vinculaba con los pacientes. Mi respuesta era que uno puede reírse y al mismo tiempo puede hacer una medicina muy seria. El reírse te acerca y te abre la posibilidad de llegar a las emociones de las personas. Además, en general, las personas mayores suelen reírse mucho. Creo que el humor bien utilizado es un recurso que otorga muchísimas ventajas.

¿Cuáles son los prejuicios de los seniors y de las demás generaciones hacia ellos?

No me gusta hablar de seniors, ni de revolución porque son etiquetas. A mí me gusta hablar de un curso de la vida donde hay diferentes momentos. ¿Segunda mitad? Para algunos pueden ser los cuarenta, para otros serán los cincuenta… no importa el número, tiene que ver con un momento donde uno se da cuenta de determinadas cuestiones. Los japoneses a esta etapa la llaman hanami, que es el momento de la floración de los cerezos… es un momento que dura muy poco, pero donde te das cuenta que algo pasó. Y ese algo que pasó tiene que ver con el cambio del sentido de determinadas preguntas. A mí me gusta hablar de un curso de vida donde hay momentos como la jubilación, la menopausia…

¿Qué lugar tiene el sexo en esta etapa?

– Cuando uno escucha hablar a las personas mayores se da cuenta que tenemos una creencia errada, un verso. El deseo no desaparece, la erótica se transforma, se hace mucho más rica, la sexualidad no solo es genitalidad. Después de determinada edad el placer se convierte en comunicación, en encuentro, en una pasión que no tiene apuro, que tiene libertad, que no tiene preocupaciones y que va más allá de la reproducción. Y esto me parece que es una ventaja única. En la pandemia ocurrió algo muy interesante, las parejas longevas supieron desarrollar mejor la resiliencia. La razón no es otra que la mayor cercanía, la intimidad, el encuentro y el diálogo.

– ¿A envejecer se aprende?

– Uno puede aprender a envejecer como aprendió otras cosas en la vida. No sé si hay un método para vivir mucho y contarlo bien, creo que es una decisión muy personal. Hoy sabemos que hay caminos que nos ayudan a vivir más y a vivir mejor… a vivir más saludablemente haciendo actividad física y siguiendo una dieta sana. Hay que tener una buena dosis de sabiduría y dignidad para no querer hacer cosas de la juventud y ocupar espacios que no corresponden. Es muy diferente querer vivir más que querer vivir bien. Vivir bien tiene que ver con un crecimiento personal y con darle profundidad a la vida de uno… y eso es un verdadero aprendizaje, es una búsqueda de actividades que te llenen el alma.

“En una de las últimas conferencias en Buenos Aires se me acercó una señora y me dijo: Diego qué bien que nos conocés, cómo sabés interpretar lo que nos pasa… Es importante el rol que le demos a las personas mayores, deben tener su lugar y la escucha que se merecen”.

Diego Bernardini: www.diegobernardini.com.  @doctorbernardini

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