Mundo afiche

La puerta de entrada

Por Raúl López Rossi

David Ratto, uno de los padres de la publicidad argentina, decía que una campaña tenía que caber en un afiche. Dicho de otro modo, que todo lo que se contaba a través de comerciales, avisos gráficos, etc… tenía que poder sintetizarse en una sola imagen: la que cabía en 1.48×1.10.

Los posters de las películas son (o deberían ser) algo parecido: un resumen visual de lo que la película tiene para contar… una puerta de entrada a la historia que nos espera.

Lamentablemente las exigencias comerciales hicieron, casi desde el comienzo de la industria del cine, que esta premisa no se cumpliera plenamente.

Hay excepciones. Pero en general los posters que anuncian películas privilegian los nombres y las caras de los actores principales… ya que, supuestamente, son lo que más vende.

Una de las excepciones más notables fue la que produjo el talentoso diseñador americano Saul Bass (1920-1996): un artista que podía captar en una sola imagen todo el espíritu de una historia pero que, además, creó los títulos de muchísimas películas y, según dicen, diseñó él solito la famosa secuencia de la ducha de la no menos famosa Psicosis.

Seguramente Alfred Hitchcock frunciría el ceño al escuchar este dato, pero el talento de Bass daba para haber desarrollado esa secuencia y mucho más.

De Saul Bass… El graduado, El hombre del brazo de oro, Vértigo, Amor sin barreras y Bonjour Tristesse

Saul Bass fue una súper estrella entre los diseñadores, especialmente entre los que trabajaban para la industria del cine, y logró que la mayoría de sus propuestas originales (no todas) se transformaran en los afiches oficiales de las películas…

Otros diseñadores también aceptaron el desafío de buscar la síntesis que lograba Bass y la encontraron con muy buenos resultados, pero en casi todos los casos tuvieron que guardar sus ejecuciones en sus portafolios… para decirlo de una manera elegante. La industria del cine suele ser implacable.

Reinterpretaciones de… El resplandor, El perfecto asesino, El ocaso de una estrella y Taxi driver

Sin embargo, y contra todo lo imaginable, hubo quienes pudieron traspasar esas barreras, desarrollar una estética de alto nivel y ser aceptados por sus industrias: curiosamente, los países de Europa del este.

Tal vez porque Occidente miraba para otro lado o porque eran mercados que a las majors no le interesaban tanto, varios países pudieron expandir esta especialidad, creando una estética original y valiosa.

Polonia, por ejemplo, que desde 1952 generaba talento desde la Escuela Polaca del Afiche Artístico, produjo trabajos notables, que exploraban metáforas e ideas conceptuales, liberados de toda presión comercial.

De Polonia… Alphaville, Casablanca, Desayuno en Tiffany, Venecia Rojo Shocking, Cabaret, El Ciudadano, El bebé de Rosemary, Los pájaros y Metrópolis

La ex Checoslovaquia también tuvo su momento de esplendor. Y lo supo aprovechar: dado que importar los afiches y materiales promocionales de las películas era más costoso que crearlos, muchos artistas checos –durante los 60, 70 y 80- desarrollaron un estilo propio… que podía ser dinámico, surrealista y muy libre… siempre que no se metiera en cuestiones políticas, ya que en este caso la industria no opinaba, pero sí lo hacían los comités del régimen.

De la ex Checoslovaquia… Jules et Jim, El conformista, Cleopatra y Psicosis

Por otro lado, Hungría, amuchada con Rusia, Rumania y Yugoslavia, también sumó lo suyo, aportando una estética diferente, totalmente alejada de los clisés hollywoodenses.

El dato gracioso es que muchos de estos artistas ni siquiera podían ver las películas que los inspiraban… lo que demuestra que realmente eran muy creativos.

De Hungría… Farenheit 451, El mago de Oz, El hombre elefante, Recordando con ira

No sé si estas obras merecen estar en un museo (yo, por las dudas, las colgué), pero seguramente nos hacen entrar a las películas por una puerta distinta… bastante más estimulante y motivadora que los nombres y las caras de sus eventuales protagonistas…

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