Los Robin Hood

¡Tan queridos!

Por Pablo Cruz Aguirre

No puedo separar de mi infancia el recuerdo de mis primeras lecturas, de las infinitas horas que pasé a solas ante las páginas de los libros de la modesta colección Robin Hood. Tom Sawyer, Robinson Crusoe, las Mil y una noches.

Recibí estos tres libros, un regalo que no había pedido, cuando nos fuimos de Mar del Plata hacia Viedma. En una casa sin libros accesibles a un niño, en una ciudad desconocida, esos ejemplares fueron mis mejores amigos, mi refugio. El río que tenía enfrente de casa se convirtió en el Misisipi de Tom Sawyer y Huck; las calles de casas bajas de Viedma se volvieron las de Bagdad.

Leí y releí infinitas veces la historia de Robinson. Descubrí que podía hacer trampa y saltearme capítulos para llegar a los que más me gustaban: los viajes al naufragio, el rescate de las provisiones, la construcción del refugio.

Y cuando aparecía Viernes, volvía al capítulo de la llegada a la isla.

Tapas de la colección y música de la peli Robin Hood (1973), de Walt Disney

Solía contemplar la imagen de la guarda interna, con los chicos sentados ante una bibioteca enorme y cargada de libros de la colección. La lista de la contratapa con los títulos publicados me parecía interminable.

Más adelante aparecieron otros que se sumaron a mis lecturas de cabecera: Alicia, Las aventuras de Huckleberry Finn, Sandokan. Con mi hermana solíamos reírnos hasta llorar leyendo en voz alta las peripecias lacrimosas y ridículas de los protagonistas de Corazón.

Ya de adolescente, un nuevo amigo me recomendó las obras de Rider Haggard y las aventuras de Bomba. Los que no podía conseguir en los canjes de revistas, los iba a buscar a la biblioteca municipal. Con el tiempo, pasé a otras lecturas, sin lomo amarillo, pero siempre ligadas a las primeras: la traducción de Galland de Las Mil y una noches, los cuentos y ensayos de Mark Twain.

Me parece que fue hace muy poco, pero fue hace cinco años, que le leí a mi hijo más chico las aventuras de Tom y Huck.

Todavía hoy, cuando voy a alguna feria americana y veo lomos amarillos, me acerco para saludar a los viejos amigos. Sigo buscando un ejemplar de las Mil y una noches para volver a ver esas ilustraciones ante las que pasé tantos instantes de asombro.

Pablo Cruz Aguirre, aunque se crió en Mar del Plata, ahora es cordobés, de Capilla del Monte. Trabaja en diseño gráfico, traduce y escribe…y es un amante de los libros.

Ilustraciones: Pablo Pereyra y Cristóbal Arteche

BONUS TRACK: MUESTRA ONLINE

En la web del Museo de la Ilustración Grágica, MIG, puede verse la muestra virtual organizada por el Centro Cultural Roberto Fontanarrosa de Rosario: Recordando a la Colección Robin Hood. https://museomig.org/

Allí pueden admirarse los trabajos de muchos de los ilustradores que participaron de la colección, como Ely Cuschie y Oscar Soldati y Pablo Pereyra.

Si tenés alguna historia entrañable para contar, escribí a hola@amantesdelobueno.com