¿La única pareja?

Música y lágrimas

Por ADLB

El cine es un gran narrador de historias entrañables. Los actores, el guión, la dirección, la fotografía son elementos claves a la hora de emocionarnos… pero no son los únicos.

Grabando una banda sonora in the old Hollywood way

Uno de los elementos más relevantes de ese combo no se ve, pero se escucha. Y cómo. La música de una película es algo que a veces no percibimos (tal vez por estar demasiado atrapados por la historia), pero es tan importante que hasta puede cambiar el sentido de una escena… o completarlo. Y en muchos casos se vuelve tan protagónica que no se la puede separar de la película que le dio origen.

Piensen en El Padrino sin la magistral partitura de Nino Rota… En Un hombre y una mujer sin las inolvidables notas de Francis Lai… o en Doctor Zhivago sin las prodigiosas melodías de Maurice Jarre. No hay manera.

Es cierto que hay algunos directores (muy pocos) que prefieren prescindir de la música y solo la aceptan cuando forma parte de las escenas… Dicho de otra forma: si está ejecutada “en vivo” dentro de las imágenes. El gran Luis Buñuel era uno de ellos… pero, bueno, era Buñuel.

Para casi todo el resto la música es un aliado imprescindible que resulta fundamental para crear climas, enfatizar emociones o darle una personalidad totalmente propia a lo que se está contando.

El olimpo de los compositores que se han dedicado a hacer música de películas está lleno de celebridades: Michel Legrand, Henry Mancini, John Williams, Bernard Herrmann… los más contemporáneos Hans Zimmer, Danny Elfman, Michael Giacchino… y hasta nuestros Lalo Schiffrin y Gustavo Santaolalla son extraordinarios exponentes de una especialidad que “se mete” en las películas (y hasta en nuestras vidas) mucho más de lo que creemos.

Seleccionado de Maestros: Legrand, Mancini, Williams, Herrmann, Zimmer, Elfman, Giacchino, Schiffrin, Santaolalla.

Si no están convencidos, hagan la prueba: vean estos videos y piensen si podrían concebirlos con otra música.

¿Puede haber mejor sonido que la melodía de esa flauta y ese coro obsesivo que Ennio Morricone creó para La misión?

¿O las trompadas musicales que nos asesta Bill Conti para acompañar las andanzas de Rocky?

¿O esa música enigmática con la que Vangelis decidió seguir a los corredores de Carrozas de Fuego?

Son apenas 3 ejemplos (a los que podríamos agregar unos cuantos más), pero sirven para demostrar que cuando decimos “vamos a ver una película”… en realidad hacemos bastante más que eso.

Si tenés alguna historia entrañable para contar, escribí a hola@amantesdelobueno.com