Fotografía expandida

Detrás del humo negro

Por Luz Martí

Luis González Palma es un hombre desobediente. Nació en Guatemala y desde muy joven sintió el llamado de la cámara, pero sus fotos exceden ese rótulo para convertirse en imágenes poéticas.

Acá estoy. Escribiendo en la solapa de “Amantes de la fotografía en blanco y negro” una nota acerca de quien solo usó las fotos en sus comienzos para luego seguir su aventura por un camino deshabitado llenándolo de imágenes corpóreas, de betún de judea, de hilos rojos y copias con luz de luna. Acá estoy, con una nota que excede esta columna, que debería estar en la de “Amantes de la poesía”, si la hubiera.

Luis González Palma es un hombre desobediente. La mirada ocupó su atención mucho antes de que él se enterase, cuando era un niño y se preguntaba qué imágenes vería la gente que rezaba extática frente a esa masa de madera ennegrecida por el humo de siglos de velas encendidas que era el altar de Santo Tomás de Chichicastenango.

Estar frente a ese altar es una experiencia que roza lo sagrado, lo que no tiene palabras, algo cercano a la poesía, a lo inexplicable, a un “vacío pleno”.

En su país, la fotografía se reducía a dos temas: paisajes para invitar al turismo, y violencia del conflicto armado. Pensó qué otras formas serían posibles y se dispuso a investigar. Empezó haciendo imágenes en blanco y negro pero necesitó cada vez más herramientas para poder transmitir todo lo que sentía, para animarse a desobedecer las matrices clásicas de la fotografía y acercarse a una interpretación cercana al realismo mágico.

Contaba con la suerte de no haberse formado como fotógrafo y de estar en contacto con artistas de otras disciplinas.

“Estar en constante duda, en constante búsqueda para darle otros sentidos a mi existencia, dispuesto a recorrer territorios desconocidos, a jugar.  Pienso que el  juego y el deseo son primordiales en la experiencia de crear. Permitirse fracasar, divagar, enfrentarse a la sorpresa para descubrir algo que no esperabas encontrar pero que buscabas vivamente. Sin deseo no creas nada, sin deseo no juegas. Es lo que te mueve a vivir la experiencia creativa, que como toda experiencia es tratar de darte sentido a la vida. Por otro lado, esa ansiedad positiva de transitar un espacio insospechado, un vivir a tientas, sin certezas y siempre a la deriva, pero sabiendo que es ahí dónde se juega todo es maravilloso. Ahí encuentras y pierdes lo que anhelas.

Esa duda persistente y búsqueda afanosa son lo que lo impulsa a salirse de los márgenes, lo que lleva su obra a  encuadrarse dentro de la “fotografía expandida”.

“La idea de lo “expandido” no es nueva, es un campo remoto, ha sido, siento, una de las ambiciones del ser humano, expandir su conciencia y con ella sus formas de estar y elaborar el mundo. Es permitirse sentir más allá de lo que sientes y reflejarlo. Creas porque estás insatisfecho con lo que de alguna forma la vida te brinda, crees que necesitas hacer algo más para atenuar una sensación de desamparo. De alguna manera pienso que siempre, como creadores buscamos lo mismo: calmar la falta, la ansiedad de sabernos vivos, anestesiar de alguna forma el precipicio de sentir la muerte siempre a cuestas. No buscas los “temas”, ellos llegan sin que te lo propongas, lo único es estar atento, advertir cada instante que te sucede”.

Así nació también, inesperadamente, un libro: “Sobre la imagen poética- Conversaciones”, que registra su correspondencia durante varios meses de pandemia  con Llorenç Raich Muñoz, ensayista y profesor IEFC, donde comparten de forma espontánea jugosas ideas sobre arte, literatura y poesía, y dialogan acerca de procesos creativos en busca de la imagen poética.

Luis González Palma hoy casi no hace fotos. Utiliza material de su archivo, busca la abstracción para  expresar lo inasible, la huella, el vacío.

No el vacío de la desesperanza sino “un espacio negativo que busca ser llenado, o que está lleno y busca ser reconocido. Es como dices, el espacio en el que puedes fundar algo nuevo aunque sea para ti. Siempre tuve interés de trascender lo estrictamente fotográfico, simplemente por sentir que la experiencia artística, a todo nivel te lo permite. La fotografía es una herramienta. Si ayuda la tomo, si no, la descarto, uso el dibujo o busco que la fotografía se vuelva una experiencia olfativa o gustativa, no importa, lo valioso es llegar a sentir lo que imagino y mucho de ello, como bien dices, ha sido impulsado por otras formas de ver y sentir el mundo, como la astronomía, el psicoanálisis, la geología, etc.

Estos estímulos lo llevaron a explorar la animación y  la experiencia musical para seguir expandiéndose en piezas inquietantes y mágicas, en su constante intento por develar lo que está escondido, aquello que no vemos.

Obra artística El Aro

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